El no sentirse aceptado cuando niño puede condicionar una conducta en la que se haga todo lo necesario para ser aceptados, incluso pasar por encima de nosotros mismos.

Foto: Imagen de Ben Kerckx en Pixabay
Las heridas de la infancia son dolores emocionales profundos que se originan en la niñez debido a experiencias de rechazo, abandono, humillación, traición o injusticia, y que marcan nuestra personalidad para toda la vida. Estas heridas se forman cuando durante la infancia no se reciben tres elementos clave para el desarrollo emocional: afecto, pertenencia y estructura.
¿Qué nutrientes emocionales faltan en la infancia?
- Afecto: amor incondicional, sin importar quiénes somos.
- Pertenencia: sentirse aceptado en un grupo, sin condición alguna.
- Estructura: límites claros y orden que proporcionan seguridad.
Estos nutrientes son básicos para la formación de una personalidad adulta responsable y saludable, capaz de manejar sus emociones y relaciones interpersonales.
Consecuencias de heridas emocionales en la adultez
La personalidad herida suele estar anclada en estas experiencias infantiles no resueltas, generando inseguridades, miedos y conflictos internos difíciles de comprender. La persona actúa muchas veces desde la perspectiva de un niño que necesita compensar esas heridas, repitiendo patrones emocionales dañinos que limitan su bienestar y crecimiento.
Herida emocional del rechazo
Quienes sufren esta herida suelen sentir que no son dignos de amor ni aceptación, lo que conduce a una baja autoestima y miedo al abandono. Esto afecta sus relaciones y su seguridad emocional.
Causas comunes de la herida de rechazo:
- Crecer en un entorno con padres emocionalmente ausentes o en duelo.
- Sentirse invisible o ignorado por los cuidadores.
- Falta de contacto afectivo, abrazos o reconocimiento en la infancia.
- Padres que no validan las emociones o necesidades del niño.
- Recibir rechazo o desaprobación constante.
- Sentirse sin derecho a existir o sin pertenencia.
Características de quien tiene heridas de rechazo:
- Siente que no merece existir y desea desaparecer.
- Tiende a retraerse socialmente y evitar el contacto.
- Baja autoestima y sensación de insuficiencia.
- Busca ser perfecto para ser aceptado.
- Prefiere la soledad y teme a la atención excesiva.
- Sabotea sus propios logros por no sentirse merecedor.
- Miedo al juicio y rechazo por expresar opiniones o emociones.
- Problemas de memoria, retraimiento emocional y desconexión con la sexualidad.
- Vive con vergüenza constante que oculta su verdadero yo.
Cómo superar la herida de rechazo
- Reconocer la herida: Identificar la sensación de no pertenencia o no merecimiento que persiste desde la infancia.
- Aceptar el niño interior: Validar y acoger esa parte vulnerable con amor, sin rechazarla.
- Romper creencias limitantes: Desafiar pensamientos como “no merezco amor” y reemplazarlos por afirmaciones positivas.
- Practicar la autocompasión: Aprender a tratarse con ternura y comprensión, sin culparse.
- Reconstruir la autoestima: Fortalecer la confianza en el propio valor, independientemente de la aprobación externa.
- Establecer límites saludables: Proteger el bienestar emocional y evitar relaciones tóxicas que refuercen el rechazo.
- Explorar emociones: Permitirse sentir y expresar tristeza o dolor sin juicio.
- Fortalecer vínculos seguros: Buscar y nutrir relaciones de aceptación y apoyo.
- Integrar al adulto protector: Cuidar y guiar al niño interior con paciencia y sabiduría desde la adultez.
- Buscar ayuda profesional: Terapia psicológica o talleres especializados para sanar traumas y cambiar patrones destructivos.
Este camino de sanación emocional es fundamental para transformar las heridas infantiles en crecimiento personal y bienestar emocional, en el Centro Del Bienestar Integral podemos apoyarte.
Por Mariana Chávez Rodríguez / Psicterapeuta y co fundadora del Centro del Bienestar Integral
Con información del libro: Transforma las heridas de tu infancia de Anamar Orihuela, editorial Debolsillo

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